Muy dignamente nos metimos en el baño a llorar. Hay ciertas cosas que no se le pueden decir a una mujer, y que se está haciendo vieja es una de ellas. Si a eso le sumas la barra libre de rigor de toda boda, el resultado no puede ser bueno. «¿Se me está pasando el arroz?», le iba preguntando mi amiga Sara entre sollozos a todo el que se le acercaba. Julia, la otra, empezó a buscar desesperadamente desde su iPhone clínicas de Inseminación Artificial. «Ya lo he decidido, voy a ser madre soltera», iba diciendo orgullosa.