El café que nos tomábamos juntos cada domingo, pasó a ser casi semestral. Creo que nunca en la vida le había oído decir tanto «es que estoy liadísimo». Todos sabíamos cómo era Nacho, que incluso se fue de cañas la noche antes del examen más jodido de su carrera. Y todos sabíamos que ese «estoy liadísimo» era quedarse, como cada día, haciendo vida de pareja.