De hecho, éramos sus amigos los que le decíamos que, si tenía novia, tenía que prestarle un poquito de atención, que era pasota hasta límites insospechados. Y entonces llegó Mónica. Y ese poquito de atención que le pedíamos se convirtió en un exceso de ella. Dejó de escribir en nuestro grupo de Whatsapp, en el que antes se pasaba el día enviando todas las chorradas que encontraba. Las pocas veces que lo hacía, era única y exclusivamente para decir que no podía quedar.