Hasta Mónica, las relaciones de Nacho no habían ido demasiado en serio. Ninguna chica le había durado más de seis meses (a pesar de que por alguna se había llegado a colar bastante) porque nunca había querido renunciar a su independencia por ellas. Prefería quedar con sus colegas para ver el fútbol o salir de fiesta antes que ir al cine con sus novias. Por norma general, hablaba más conmigo que con cualquiera de ellas.