Además, si afeitarte el cuello te supone un «calvario» por la irritación posterior, intenta abrir los poros antes de pasar la cuchilla.
Puedes hacerlo dándote un baño de vapor previo —acerca tu cara, unos minutos, a un recipiente con agua recién hervida ¡ojo no te quemes!—, o bien aplicado una toalla empapada en agua caliente —y escurrida— alrededor del cuello durante unos minutos.