Hace unos años si se nos rompía la suela de una zapato, enseguida acudíamos al zapatero para arreglarlo. Si adelgazábamos, se llevaban los pantalones a una modista para estrecharlos. E incluso teñíamos un abrigo en la tintorería si se había descolorido demasiado. La red de profesiones vinculadas al mundo de la moda estaba muy desarrollada y se acudía a menudo a este tipo de profesionales para restaurar nuestras prendas.