Será por el microclima que se crea entre máquina y máquina, la mezcla de sudor y respiraciones profundas, la poca ropa que se suele llevar o la forma sexy de beber agua, pero estos espacios son una apuesta casi segura para hacerse con un número de teléfono. Los datos lo demuestran: el 25% de las personas que van al gimnasio han mantenido relaciones sexuales con alguno de sus compañeros al menos una vez al año, según un reciente estudio de una empresa británica de productos eróticos. Sin embargo, no todo sirve. Hay ciertas situaciones que, más que atraer, ahuyentarán a todo ligue potencial presente en las instalaciones.