Bondage y sadomaso: ¿Placer o dolor?

Hemos puesto punto final a la Semana Santa con sus imágenes desgarradoras, sus penitencias auto infligidas y su viernes de dolor. Y no deja de ser curiosa la extraña atracción que ejerce la visión de Cristos crucificados y Dolorosas rotas por la pena.

Hay un proverbio checo que asegura queel placer y el dolor se acuestan en la misma cama y no queda claro si tiene un sentido metafórico o literal.

La interpretación queda un poco a gusto del consumidor: si hablamos de sentimientos se puede entender que el amor siempre viene acompañado en mayor o menor medida de dolor porque nada es para siempre y lo único que permanece es el cambio, o sea que más tarde o más temprano aquello que hoy nos produce placer acabará haciéndonos llorar.

Pero hoy queremos hablar aquí del sentido literal, de la relación entre placer y dolor. El BDSM, las prácticas “bondage” o más llanamente el sadomasoquismo había llegado a formar parte del listado del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, pero fue retirado de él y en la actualidad podemos hablar de una creciente aceptación social de ese tipo de prácticas.

Para muchas parejas, independientemente de su orientación, los juegos de poder, sumisión y dolor forman parte de la relación. Pero todavía podemos hablar de personas que tan sólo consiguen obtener placer prestándose a actividades sexuales extremas en relación al dolor.

Hace apenas unos días Shangay.com publicaba un listado de juguetes eróticos para gais y lo que llamaba la atención era que varios de ellos parecían pensados para jugar con el dolor: pinzas para pezones, ganchos anales, cockrings que parecen proceder del atrezzo de “La matanza de Texas”, esparcidores anales que podrían estar en cualquier taller mecánico… Y todo ello con la calificación de aquello “que ningún gay debe obviar”.

Pero ¿existe una justificación científica para esa atracción placentera por el dolor? Al parecer sí.

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Hombre Moderno