Ejercicio aeróbico, corazón sano

La práctica de una actividad aeróbica moderada pone en marcha el conjunto del organismo, quema calorías extras y ejercita el motor de nuestro cuerpo, el corazón.
 
Nadar, saltar, correr o montar en bicicleta son algunos de los ejercicios aeróbicos más comunes y saludables que pueden realizarse en el gimnasio o al aire libre. Se consideran actividades aeróbicas porque implican un esfuerzo moderado en el que intervienen distintos grupos musculares y que se lleva a cabo durante un periodo de tiempo más o menos prolongado, como mínimo entre 20 y 30 minutos.

Ayudan a perder peso al conseguir transformar los hidratos de carbono y las grasas acumuladas en la energía necesaria para desarrollar el ejercicio mejorando, además, la función cardiovacular y la capacidad respiratoria.

Aunque a veces lo olvidemos, el corazón es un músculo más de nuestro cuerpo, cuya función es bombear la sangre haciendo posible que el oxígeno y los nutrientes lleguen a cada una de nuestras células.

Como cualquier otro músculo corporal puede y debe trabajarse con un correcto entrenamiento que garantice su buen funcionamiento. Un corazón fuerte y resistente es la mejor garantía de prevención frente a las enfermedades coronarias más comunes: arritmias, infarto, ictus, embolia…

La práctica regular de este tipo de ejercicios consigue aumentar de manera progresiva el grosor de las fibras que dan forma a este músculo indispensable para la vida. Al pedalear, hacer jogging, caminar por la cinta a paso ligero o realizar ejercicios propios del aerobic como el step, el ritmo cardiaco se acelera (nuestro músculo está trabajando) y el corazón, poco a poco, aumenta su capacidad de bombeo, es decir, su eficacia.

Estos ejercicios, a medio plazo y de manera paulatina, incrementan la masa muscular del corazón y su vigor, haciendo que, tras unas semanas, sea capaz de impulsar más caudal sanguíneo con un menor esfuerzo, algo que se traduce en una disminución del pulso en reposo.

Con la práctica habitual de ejercicios aeróbicos la frecuencia cardiaca disminuye porque nuestro corazón puede, con menos número de latidos, mover perfectamente el flujo sanguíneo corporal. Así, se libera al corazón de un trabajo excesivo, evitando el sobreesfuerzo cardiaco y limitando el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Conociendo los efectos beneficiosos que estas actividades aeróbicas tienen sobre el corazón, puede asegurarse que estos ejercicios son necesarios y recomendables, en mayor o menor medida, para cualquier persona independientemente de su condición física, siempre que no exista prescripción médica contraria y teniendo en cuenta que la planificación y la adecuada progresión son fundamentales para que el ejercicio no resulte contraproducente.

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Hombre Moderno