Labios para besar

Los ojos, la nariz y la boca son los tres elementos que definen tus rasgos faciales. Los labios se convierten, en determinados momentos, en el centro de todas las miradas. Claves en tu sonrisa, al hablar, al realizar, sin darte cuenta, pequeños gestos cotidianos que forman parte de tu propia personalidad y, por supuesto, indispensables para dar desde el beso más cariñoso e inocente hasta el más apasionado.

Cuidar los labios no es ninguna «tontería» porque una boca que presente labios resecos, agrietados, con pieles muertas o con un temible (y doloroso) herpes, destrozaría la imagen del mismísimo Adonis.

Tanto en el hombre como en la mujer, la piel de los labios es extremadamente sensible, más fina incluso que la del contorno de los ojos y además, se renueva con mayor rapidez que el resto de la dermis (4 veces más deprisa).

Los labios carecen de melanina (no se ponen «morenos» y sufren directamente la acción de los rayos solares) y, en ellos, la presencia de glándulas sebáceas y sudoríparas, que podrían aportarles hidratación y elasticidad, es prácticamente nula.

Por sus características, resultan especialmente vulnerables a los cambios bruscos de temperatura y a los agentes climatológicos externos (especialmente el viento).

Por otra parte, están en contacto directo con nuestra propia saliva, que, aunque en principio los humedece, en realidad contribuye a resecarlos, y también con los distintos componentes de los alimentos.

Para resultar atractivos, los labios tienen que estar sanos y para conservarlos en perfecto estado bastan unos cuidados muy simples que han de incluir, necesariamente, la adecuada protección frente a los elementos que pueden deteriorarlos.

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Hombre Moderno