Pequeños cortes, sarpullido, pelos encarnados, descamación cutánea… el afeitado supone una agresión a la piel del rostro que puede provocar alguna de estas anomalías, muy comunes, pero evitables en su mayoría con las precauciones y cuidados necesarios.

Que ese gesto cotidiano del afeitado no suponga un problema depende, en gran medida, de conocer las características y necesidades de tu propia piel. En un rostro bien hidratado, exfoliado con regularidad y en el que apliques productos específicos (por ejemplo en el caso de piel sensible), eliminar el vello facial siempre será más sencillo y efectivo que en una piel mal cuidada.

Por otra parte, la cantidad de pelo que da forma a tu barba, su dureza, longitud y grosor también son determinantes a la hora de realizar un correcto afeitado.

Como normas generales para prevenir los problemas habituales derivados del rasurado facial, ten en cuenta:

1. Antes de eliminar el vello, asegúrate de que tu piel está en óptimas condiciones. Ante la presencia de irritaciones, excesiva sequedad o folículos infectados, es preferible tratar en primer lugar esa anomalía (no pasa nada porque no te afeites en un par de días). El paso de la cuchilla podría empeorar la situación.

2. Siempre es recomendable afeitarte con el rostro previamente humedecido, bien con agua templada y jabón o bien con algún producto específico que ayude a abrir los poros y a conseguir un vello más flexible.

3. Elijas el método que elijas, no te afeites nunca a contrapelo. Si quieres un mayor apurado, da más pasadas pero siempre en la dirección del crecimiento del vello para minimizar el impacto que implica esa agresión cutánea.

4. No renuncies a aplicar un buen aftershave. Es importante para calmar y rehidratar tu piel devolviéndole su equilibrio natural.

5. Extrema la limpieza y mantenimiento de tu maquinilla y si utilizas cuchillas, comprueba su buen estado. La cuchilla debe estar bien afilada para deslizarse cortando el vello erosionando la piel lo mínimo posible. No “estires” la vida de una desechable.

 

Soluciones específicas:

Sarpullido e irritación

Puede resultar bastante molesto y es algo que ocurre con frecuencia a un gran número de hombres. Si sólo te pasa alguna que otra vez, el origen del problema puede ser una cuchilla en mal estado o bien que, por las prisas, no hayas humedecido correctamente tu piel antes proceder al rasurado. Si eres de los que se afeita a diario ¡tómate tu tiempo! porque, tal vez, esa repentina irritación se deba a un fallo en los preliminares. Recuerda: la cuchilla y maquinilla perfectamente limpias y tu piel previamente acondicionada pueden evitarte el mal rato de una cara “ardiendo” tras el afeitado. Si esta situación te ocurre con frecuencia puede que seas un caso claro de piel sensible. Cuando esto pasa, los productos específicos, que crean una película protectora para que el paso de la cuchilla solo corte el vello y no dañe la piel, son imprescindibles.

 

Vello encarnado

Ese pelo que no sale a la superficie y crece “enterrado” en la piel provocando incluso la inflamación o infección del folículo, suele darse en el caso de hombres de barba hirsuta (densa y de vello fuerte), aunque en un momento dado puede pasarle a cualquiera. La mejor manera de prevenir el problema es realizar una adecuada exfoliación semanal o cada 15 días. Aplica una crema específica para este fin de manera que ayudes a tu piel a liberarse de las células muertas que pueden llegar a taponar los poros y folículos dificultando la salida del vello. Otra buena idea, si tienes este problema, es realizar un baño de vapor antes del afeitado (pon agua a hervir en un recipiente. Retira del fuego y cubre tu cabeza con una toalla acercando tu cara al vapor que desprende el agua ¡con precaución para no quemarte!). El vapor favorece la apertura de los poros reduciendo el riesgo de vellos encarnados.

 

Piel descamada

Si notas tu piel tirante, reseca e incluso con pequeñas cutículas evidentes… ¡olvida la maquinilla! porque en estas condiciones un afeitado solo producirá irritación y una sequedad aún mayor. Hidrata convenientemente como paso previo al afeitado y aplica una crema/mascarilla nutritiva al finalizar. Si prefieres un tónico, elige uno de efecto emoliente que no contribuya a resecar aún más tu piel.

 

Cortes

 Seguro que te has hecho uno en alguna ocasión. Para evitarlo, el primer consejo es que no te afeites a toda prisa porque es muy sencillo que se produzcan (vale la pena dedicar a tu afeitado el tiempo necesario). En segundo lugar, no presiones con la cuchilla o maquinilla (se trata de deslizarla no de “enterrarla” en tu cara). Por último, en las zonas más complicadas (alrededor de la boca o debajo de la nariz) reduce la “velocidad” y, además, haz que el rasurado resulte más sencillo estirando suavemente la piel de esas áreas irregulares.

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