El Sexo en el arte: El Picasso más erótico

El sexo en el arte, siempre ha sido un tema recurrente, ya sea de manera implícita o explícita. Pero hay ciertos artistas que parecen haber tenido una especial tendencia a ello. Entre ellos está el reconocidísimo Pablo Picasso. De hecho, el propio artista declaraba que “el arte y la sexualidad son la misma cosa”. Afirmación que parece cierta, al menos en su caso.

¿De dónde venía su obsesión con el sexo?

Picasso siempre se interesó por plasmar en forma de arte el erotismo y la sexualidad. Así, la carga sexual en su obra está presente desde los primeros dibujos en la adolescencia, las prostitutas de Barcelona o las modelos, hasta sus últimas mujeres desnudas de principios de los 70. Quizá, el hecho de que sus viajes a Barcelona y a París durante la adolescencia lo pusieran en contacto con la prostitución precozmente, tuvo algo que ver. Y de este modo, con el tiempo, los primeros desnudos inocentes de su obra fueron transformándose en eróticos y pornográficos.

Sexo en el arte Picasso

Por eso, no es de extrañar que en alguna ocasión hayan tenido lugar exposiciones del pintor centradas exclusivamente entorno a este tema. Ya que muchas de sus obras muestran un alto contenido sexual sin ningún tipo de pudor: penetraciones, erecciones, felaciones, primeros planos, escenas de prostíbulo, etc.

A partir de 1936, Picasso fue marcando una nueva línea de desnudos con formas anatómicas más provocativas. Pero fue en su última etapa como pintor, de 1964 en adelante, cuando llevó esto al extremo, con la producción de unos grabados muy explícitos.

Destaca especialmente la serie “Rafael y La  Fornarina”. En él se representa al pintor  Rafael y su musa, manteniendo relaciones sexuales mientras les observa un tercer personaje. Pero este ejemplo solo es uno de tantos. Porque como ha quedado claro, el sexo en el arte está muy, pero que muy presente.

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