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El arte del bondage

Seguramente hayas oído hablar del bondage, sobre todo últimamente, debido al éxito de la trilogía erótica Cincuenta sombras. Pero más que probablemente, tengas una idea equivocada de lo que es. Desde su nacimiento a las reglas indispensables, ésta es una pequeña guía introductoria al mundo del bondage.

El bondage es un arte de origen japonés (shibari), que consiste en atar, con los métodos adecuados y las precauciones necesarias, el cuerpo de una persona. En sus inicios, lo usaban los antiguos japoneses para atar y bloquear a los prisioneros.

El gran sentido de la estética que siempre ha caracterizado a los nipones, los llevó a diferenciar  tipos de nudos en función de los presos, y a crear los mejores para aquellos de mayor prestigio, como los samuráis.

La pregunta del millón es: ¿qué tiene de placentero atar y desatar un cuerpo? Para una pareja es un intercambio de poder y confianza. Quien se deja atar cede su propia libertad, sabiendo sin embargo, que a la mínima petición de “Stop”, la otra persona estará más que lista para parar. Por otro lado, quien tiene la tarea de atar, procede con la máxima atención, cuidado y dedicación. Y sabiendo que nunca, nunca, podrá traicionar la confianza recibida.

El bondage no es un acto sexual, sería una especie de preliminar con el que crear un ambiente erótico, a menudo con la ayuda de juguetes sexuales.

Un cuerpo atado de la manera oportuna, el roce de las cuerdas en ciertos puntos, o la adrenalina generada ante un peligro simbólico, pueden hacer sentir grandes sensaciones y, por tanto, aumentar la intensidad del placer. Y si aumenta el placer de un miembro de la pareja aumentará, por consiguiente, también el de la otra.

Una relación basada en la práctica del bondage debe ser sana, consentida y consensuada. El deseo de probar esta experiencia debe ser absolutamente compartido. Nunca te acerques a una práctica de este tipo sólo para complacer a tu pareja o te podrás encontrar con algo desagradable.

El primer paso para una pareja que quiere acercarse al bondage es sentarse en la mesa y hablar de ello. Antes de experimentarlo, hay que aclarar lo que se quiere y hasta dónde y qué punto se desea llegar. Es realmente esencial entendernos y hacer entender al otro en qué dirección se quiere ir.

Informarse y documentarse es también muy importante para que la práctica sea totalmente segura. En este sentido, existen cursos de bondage para principiantes que pueden ser una excelente opción para introducirse en este mundo.

Básicamente, las reglas fundamentales para hacer del bondage una práctica sana y sin riesgos son las siguientes:

  • No atar nunca ciertas partes del cuerpo que puedan suponer un peligro físico: El cuello (bastan sólo unos pocos segundos sin oxígeno para crear daños permanentes o incluso causar la muerte) y todas las partes del cuerpo con venas visibles o poco protegidas, como el interior de los codos y las rodillas. Para los principiantes, es mejor no hacer nudos en cara y pecho.
  • Respetar el consenso: no se ata nunca a una persona en contra de su voluntad. Quién lo hace, comete un acto de violencia.
  •  Elegir un lugar seguro: Recuerda que la persona atada, en caso de peligro, no podrá escapar. Tampoco debe correr el riesgo de ser colocada en una posición en la que pueda perder el equilibrio y caer.
  •  Tener siempre a mano un par de tijeras: Puede pasar cualquier cosa y tener que cortar las cuerdas, ya sea por una debilidad repentina de la persona atada, o por cualquier otro imprevisto.
  •  Estar en buena condición física y psicológica.
  •  Regirse según los siguientes criterios: La persona desatada debe estar físicamente como antes del bondage, y mentalmente mejor. Si no es así, lo mejor es apartarse de esta práctica.
  •  Tener sentido común. Esta es, quizás, la regla general que resume todas las demás.

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