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Lecciones de pareja que aprendes cuando amueblas tu casa

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¿Has decidido invertir la tarde del viernes o la mañana del sábado para -nada menos- que ir a mirar muebles con tu pareja? ¿Tu partenaire y tú entráis cogidos de la mano y dos horas más tarde cada uno sale por una puerta diferente, con cara de cabreo y echando humo por las orejas?

Si te sientes identificado con estas preguntas, ¡bienvenid@! porque seguramente llevas mucho tiempo esperando este artículo.

Aunque todos hemos caído rendidos a los encantos de las tiendas de muebles que te prometen convertir tu casa en la capital mundial de la elegancia, lo cierto es que hay que prepararse casi a conciencia para salir de una tienda de muebles con la misma pareja con la que entraste. Hoy te cuento esas lecciones de vida y de pareja que debes llevar bien aprendidas de casa.

#1 Es más fácil salir de las drogas que de Ikea

No te engañes (ni dejes que tu pareja lo haga), no hay nada menos cierto que eso de “vamos a Ikea a dar una vuelta y en media hora estamos fuera”. Y es que una cosa es ir a ver muebles y otra muy diferente es ir a Ikea: allí (y no preguntéis por qué) tenemos la gran necesidad de ver todo, tumbarnos en cada cama, sentarnos en cada sofá y abrir cada armario… las malas lenguas dicen haber visto señoras de Cáceres o Valencia ojeando los libros en sueco de las librerías porque sí, porque hay que verlo todo y más. Por un extraño motivo, la fuerza de la gravedad opera de forma diferente para los suecos impidiéndonos estar allí menos de 3 o 4 horas.

Si además de todo lo anterior te aventuras al cataclismo de no seguir las flechas del suelo (esas que te indican por dónde debes ir) y tratas de buscar un camino alternativo porque “sí, tú lo vales y te orientas muy bien” seguramente tengas que localizar tu móvil y pedir asistencia a Protección Civil o a los Bomberos porque habrás caído en la trampa del “bucle eterno” y te verás dando 20 vueltas por la sección de cocina sin conseguir salir.

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Como cantaba aquel dicho “¿Dónde va Vicente? Donde va la gente”... Pues bien, en Ikea esto puede salvarte la vida. Nunca, y escúchame bien porque la cosa es seria, nunca -te olvides lo que te olvides (ya sea tu mujer, tu prima o tu amiga del pueblo)- nunca vuelvas hacia atrás por un pasillo de Ikea porque serás un auténtico esquirol y objeto de maldiciones y velas negras.

Ir en contradirección es como mentar al diablo y si no haz la prueba: decenas de ojos centelleantes que te aniquilarían en un periquete mientras te dicen mentalmente “pero este a dónde cree que va, rebelde de la vida… cómo te atreves a no seguir la flechaaaaaaaa”. 

Si osas además hacerlo en hora punta (esa del viernes por la tarde) es posible que te lleves un bolsazo amarillo de regalo, que se acuerden de toda tu familia y que tu marido se proponga -así, de motu propio- “ir a por tabaco” porque total… a saber si sales viva de ésta.

#3 El día que tu mujer te cambió por un brócoli (o por un peluche)

Son muchas las pruebas conyugales que te pone Ikea y no todo reside en ir en contradirección o en pasar de las flechas del suelo. Si tienes pensado ir con tu pareja a Ikea (y sí chicas, este apartado es para vosotras) debes ser consciente de que en algún momento tu mujer, novia o amiga con derecho, te abandonará para caer rendida a los encantos de una zanahoria o un brócoli de peluche.

Nunca formules la pregunta de, “¿Pero nena, por qué hay un brócoli metido en el carro? ¿Para qué queremos esto en un piso de 70 metros?” . Porque puedes ser víctima de la Tercera Guerra Mundial. Tu mujer necesita llevarse ese brócoli y punto.

#4 La elección de la experta (tu mujer siempre tiene la razón)

Si eres el hombre de la casa tienes que tener algo muy claro: en una tienda de muebles tu opinión importa muy poco (por no decir nada). Tenga o no nociones de decoración, es tu chica la que tiene la sartén cogida por el mango en eso de decidir (y más te vale no entrar al trapo si no quieres tener la bronca del siglo).

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¿Que de repente ves que está eligiendo unas sábanas con estampados de fresitas o piñas tropicales? Tú callado y aguantando el tipo. ¿Que te llena la super bolsa amarilla con 15 vasos de cristal con dibujitos de flamencos y 200 cuencos de plástico y de colores? Sigue callado, respira hondo… Muebles no sé si tendrás, ahora bien, sin duda alguna serás el rey del barrio en complementos coloridos y la mar de masculinos.

 

#5 “Cariño tranquila… que esto cabe en el coche”

Sin duda la gran frase “parejil” del parking de una tienda de muebles. Da igual que hayáis comprado unas papeleras para el baño, unas cajas de cartón o un mueble de 7 metros de alto y 10 de ancho: el macho se vuelve más macho y por sus santas narices el mueble cabe en el coche. “¿Que no? Verás que sí cariño, que te lo digo yo”. 

La estampa no tiene desperdicio ya que mientras tu “cariño” te espera (con el carro que se va para todos los lados posibles de la montaña de muebles que lleva encima) tú sacas tu lado “macho man”, conviertes el coche en furgoneta, coges el mueble como si fueras Lobezno y empiezas a empujar a aquello de forma tal que si tu coche hablara te diría de todo menos “gracias bonito por el detalle”. 

Es justo en ese momento -en el que las ventanas están a punto de reventar- en el que te das cuenta de que vas a tener que conducir con una tabla del tamaño de una viga pegada a la oreja y de que quizás tengas que ubicar a tu mujer en la baca del coche.

#6 Tu pareja, tú y vuestro nuevo amigo Diógenes

Una vez consigues sacar el mega mueble del coche (sí, sabemos que te has cargado los ejes de cabo a rabo), subes el mamotreto a casa sabiendo que dentro de un rato tendrás que bajar el mueble viejo al que queréis dar boleto, pero no… Tu mujer no iba callada en el coche porque no pudiera respirar por la falta de espacio sino porque ha cambiado los planes respecto a ese mueble de 120 años.

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“Cariño acabo de decidir que no tiraremos el viejo mueble de la abuela sino que lo metemos en la lavandería y lo usamos para….”.  Es justo en ese momento en el que desconectas el auricular y te das cuenta de 2 cosas: 1. Que ese “lo vamos a meter” significa “lo vas a meter tú que para algo eres el fuerte” y 2. Que en tu casa sois tres: tu pareja, tú y tu nuevo amigo Diógenes.

#7 Sobresaturación de llaves Allen

Cuando habéis elegido el lugar en el que irá vuestro armario de 7×10 llega el momento de recopilar piezas: tornillos, tuercas y sí… llaves Allen. Para que no se pierda nada decides que lo mejor es ir a por tu caja de herramientas y colocar cada cosa en un departamento para así tenerlo todo organizado. El estupor llega cuando empiezas a contar llaves Allen y te das cuenta de que -posiblemente- tengas más de 20… de hecho tu caja de herramientas está formada principalmente con llaves Allen.

Al menos será un momento ideal para echarte unas risas porque toca montar el mueble y eso no son bromas (la bronca viene de camino). ¿Qué hacer con ellas? Pues, o te las guardas para atacar con ellas a un posible enemigo que asalte tu morada o te pones a hacer castillitos cachondos.

#8 Cómo sobrevivir a las instrucciones de montar un mueble

Antes de pasar al “esta tabla por aquí, esta otra por allá” y el “no cariño que ese tornillo no va ahí“, os toca enfrentaros a la gran prueba de fuego de las parejas que van a Ikea: cómo narices interpretar las instrucciones. Si eres ingeniero de la Nasa quizás tengas alguna posibilidad pero si no… rézale a todo lo que sepas porque puede ser que este sea tu último día antes de morir de frustración. Lo peor de todo es que tú has cogido el toro por los cuernos y has dicho eso de “déjame a mí que los hombres entendemos de estas cosas”. 

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Si estás poniendo las instrucciones en la posición que toca solo lo sabrás por que el muñequito estará con los pies donde toca. Ahora bien, donde tú ves que un tornillo va allí, tu pareja verá que va justo en el otro lado…y así hasta que os den ganas de darle una santa patada al mueble y empezar a colocar los tornillos allá donde os parezcan más adecuados.

#9 Las bombillas que no tocan o el tornillo que falta

En pleno montaje de mueble siempre te encontrarás con el cataclismo de rigor y si tu mueble es de Ikea seguramente habrás comprado justamente la bombilla que no toca, por lo que adiós a iluminar la vitrina de tu mueble nuevo. De una forma o de otra podréis sobrevivir a ello… mucho peor será el momento de “cariño, aquí falta un tornillo”. 

Sí amigos, el famoso tornillo que siempre se pierde o que falta. Aunque tú no seas el culpable, lo serás y te toca buscar soluciones. O volver a los almacenes y montarles el pollo de la vida por un tornillo; o tirar de ingenio agrandando el espacio del tornillo para poner otro de tu propia cosecha rogándole a los dioses griegos, romanos y etruscos que tu mujer no cargue de portarretratos el mueble o adiós invento.

 

#10 El mito de montar el mueble en pareja

Vengas de donde vengas, tengas la ideología que tengas, todos compartimos la misma afirmación, montar un mueble no solo no une a la pareja sino que puede ser la prueba de fuego para el nuevo rumbo de la relación.

Eso sí, es una prueba que hay que pasar y si la superas podrás sentirte vencedor. A la fase de “pero qué dices, que eso no va ahí” y la de “ahora resulta que eres ingeniero y lo sabes todo”, deberás pasar por el estado de “te juro que no me pillas de nuevo para montar un mueble” y también por el de “me tienes hasta el gorro, así no se puede concentrar uno”. 

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Al final, y una vez que hayas pasado por todas esas facetas, tu mueble lucirá precioso y montado… Aunque recuerda que la ubicación sigue sin estar clara porque no te olvides de que Diógenes sigue ahí.

De una forma o de otra habréis pasado la prueba de fuego de vuestra vida… atrás quedan la convivencia, el matrimonio y el presentar tu novio a tus padres. Si has pasado la prueba, lo demás está “chupado”.

¿Te has sentido identificado con alguno de estos ejemplos?

Artículo publicado originalmente en:

habitissimo


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